"Haré más ruido muerto que vivo"

EN HUELLAS Y CAMINOS PODRÁS PASAR A FORMAR PARTE DEL RUIDO DEL PADRE PÍO EN URUGUAY

Huellas

Son los testimonios de aquellos que se sintieron impactados por su vida y por sus milagros y los agradecimientos de los que vieron contestadas sus plegarias.

Caminos

Son los lugares donde podrás encontrarte con el Padre Pio, en Uruguay. Al Santo Padre Pio lo puedes ubicar en una Iglesia, una Capilla, en un grupo de oración, en el rezo de un Rosario, en una Misa, pero también en una gruta o en una Ermita, que fueron realizadas por distintas personas como agradecimiento por haber recibido alguna gracia de él, con la idea de difundir su mensaje, para que él pueda ayudarte como los ayudó a ellos.

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Lugares dedicados al Santo Pío de Pietrelcina

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Mes de agosto

Una oración para cada día

  • 1 Ago

    El Señor nos descubre que a veces somos poca cosa. Es verdad, me resulta inconcebible que uno que tenga inteligencia y con ciencia, pueda enorgullecerse.

  • 2 Ago

    Les digo además, que amen su bajeza. Amar la propia bajeza consiste en esto: si son humildes, pacificas, dulces y mantienen la confianza en los momentos de oscuridad y de impotencia, si no se inquietan, no se angustian, no pierden la paz por nada, sino que abrazan estas cruces cordialmente no digo con alegría, sino con decisión y constancia y permanecen firmes en estas tinieblas…, actuando asi, aman su bajeza porque qué es ser objeto de bajeza sino estar en la oscuridad y en la impoten-cia?

  • 3 Ago

    Pidamos también nosotros a nuestro querido Jesús la humildad, la confianza y la fe de nuestra querida Santa Clara; como ella, oremos fervorosamente a Jesús, entregándonos a Él y alejandro nos de los artilugios engañosos del mundo en el que todo es locura y vanidad. Todo pasa, sólo Dios permanece para el alma, si ésta supo amarle de verdad.

  • 4 Ago

    Hay algunas diferencias entre la virtud de la humildad y la del desprecio de uno mismo. La humildad es el reconocimiento de la propia bajeza y el grado más alto de la humildad consiste, no sólo en reconocer la bajeza, sino en amar. A esto los aliento.

  • 5 Ago

    No se acuesten jamás sin haber examinado antes su conciencia sobre cómo pasaron el día, y sin haber dirigido todos sus pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la consagración propia y la de todos los cristianos. Ofrezcan además para gloria de su divina majestad el descanso que van a tomar y no se olviden nunca del ángel custodio que está siempre con ustedes.

  • 6 Ago

    Debes insistir principalmente en lo que es la base de la justicia cristiana y el fundamento de la bondad, es decir, en la virtud de
    que Jesús, de forma explicita, se presenta como modelo me refiero a la humildad.
    Humildad interior y exterior, y más interior que exterior, más vivida que manifestada, más profunda que visible.
    Considerate lo que eres en realidad: nada, miseria, debilidad, fuente sin límites y sin atenuantes de maldad, capaz de convertir el bien en mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirte el bien o justificarte en el mal y, por amor al mismo mal, de despreciar al sumo Bien.

  • 7 Ago

    Estoy seguro de que desean saber cuáles son las mejores humillaciones. Yo les digo que son las que nosotros no elegimos, o también las que nos son menos gratas, o mejor dicho, esas a las que no sentimos gran inclinación; o para hablar claro, las de nuestra vocación y profesión.
    ¿Quién me concederá la gracia de que lleguemos a amar nuestra propia bajeza? Nadie lo puede hacer sino El que amó tanto la suya que para mantenerla quiso morir.

  • 8 Ago

    Yo no soy como me hizo el Señor, pues siento que me tendria que costar más esfuerzo un acto de soberbia que un acto de humildad.

    Porque la humildad es la verdad y la verdad es que yo no soy nada, que todo lo que de bueno hay en mí es de Dios. Y con frecuencia echamos a perder incluso lo bueno puesto por Dios en  nosotros.

    Cuando veo que la gente me pide alguna cosa, no pienso en lo que puedo dar sino en lo que no sé dar; por lo que tantas almas quedan sedientas por no haber sabido yo darles el don de Dios.

    El pensamiento de que cada mañana Jesús se injerta a sí mismo en nosotros que nos invade por completo, que nos da todo, tendría que suscitar en nosotros la rama o la flor de la humildad.

    Por el contrario, el diablo que no puede injertar en nosotros tan profundamente como Jesús, hace germinar con rapidez los tallos de la soberbia. Esto no es ningún honor para nosotros. Por eso tenemos que luchar denodadamente para elevarnos.

    Es verdad: no llegaremos nunca a la cumbre sin un encuentro con Dios. Para encontrarnos, nosotros tenemos que subir y El tiene que bajar. Pero cuando nosotros ya no podamos más, al detenemos, humillémonos, y en este acto de humildad nos en contaremos con Dios que desciende al corazón humilde.

     

  • 9 Ago

    Yo no soy como me hizo el Señor, pues siento que me tendría que costar más esfuerzo un acto de soberbia que un acto de humildad. Porque la humildad es la verdad y la verdad es que yo no soy nada, que todo lo que de bueno hay en mí es de Dios. Y con frecuencia echamos a perder incluso lo bueno puesto por Dios en nosotros. Cuando veo que la gente me pide alguna cosa, no pienso en lo que puedo dar sino en lo que no sé dar; por lo que tantas almas quedan sedientas por no haber sabido yo darles el don de Dios.

    El pensamiento de que cada mañana Jesús se injerta a sí mismo en nosotros que nos invade por completo, que nos da todo, tendría que suscitar en nosotros la rama o la flor de la humildad. Por el contrario, el diablo que no puede injertar en nosotros tan profundamente como Jesús, hace germinar con rapidez los tallos de la soberbia. Esto no es ningún honor para nosotros. Por eso tenemos que luchar denodadamente para elevarnos.

    Es verdad: no llegaremos nunca a la cumbre sin un encuentro con Dios. Para encontrarnos, nosotros tenemos que subir y El tiene que bajar. Pero cuando nosotros ya no podamos más, al detenernos, humillémonos, y en este acto de humildad nos en contamos con Dios que desciende al corazón humilde.

  • 10 Ago

    En este mundo ninguno de nosotros merece nada; es el Señor que es benévolo con nosotros y es su infinita bondad la que nos concede todo, porque todo lo perdona.

  • 11 Ago

    Si debemos tener paciencia para soportar las miserias de los demás, mucho más debemos soportarnos a nosotros mismos.

    En tus infidelidades diarias, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando Jesús te vea humillado hasta el suelo, te alargará la mano y se preocupará Él mismo de atraerte hacia sí.

  • 12 Ago

    Tú has construido mal. Destruye y vuelve a construir bien.

  • 13 Ago

    ¿Qué otra cosa es la felicidad sino la posesión de toda la bienes que hace al hombre plenamente feliz? Pero ¿es posible encontrar en este mundo alguien que sea plenamente feliz? Seguro que no. El hombre habría sido feliz si se hubiese mantenido fiel a Dios. Pero como el hombre esta lleno de delitos, es decir lleno de pecados, no puede nunca ser plenamente feliz. Por tanto la felicidad sólo se encuentra en el cielo. Allí no hay peligro de perder a Dios, ni hay sufrimientos, ni muerte, sino la vida sempiterna con Jesucristo.

  • 14 Ago

    Padre, ¡qué bueno es usted! Respuesta: Yo no soy bueno, sólo Jesús es bueno. ¡No sé cómo este hábito de San Francisco que visto, no huye de mi! El mayor delincuente de la tierra es oro comparado conmigo.

  • 15 Ago

    La humildad y la caridad caminan siempre juntas. La primera glorifica y la otra santifica. La humildad y la pureza de costumbres son alas que elevan hasta Dios y casi nos divinizan.

  • 16 Ago

    Humillate siempre y amorosamente ante Dios y ante los hombres, porque Dios habla al que tiene un corazón sinceramente humilde ante Él. Dios lo enriquece con sus dones.

  • 17 Ago

    Mirémonos primero hacia arriba y después mirémonos a nosotros mismos. La distancia sin límites entre el azul del cielo y el amo produce humildad.

  • 18 Ago

    Si permanecer en pie dependiese de nosotros, con seguridad que al primer soplo caeríamos en manos de los enemigos de nuestra salvación. Confiemos siempre en la conmiseración divina y experimentaremos cada vez más qué bueno es el Señor.

  • 19 Ago

    Antes que nada, debes humillarte ante Dios más bien que hundirte en el desánimo, si Él te reserva a los sufrimientos de su Hijo y quiere hacerte experimentar tu propia debilidad.

    Debes dirigirle la oración de la resignación y de la esperanza si es que caes por debilidad, y debes agradecer por tantos beneficios con que te va enriqueciendo.

  • 20 Ago

    ¿Qué es lo que puedo hacer yo? Todo viene de Dios. Yo sólo soy rico en una cosa, en una infinita indigencia.

  • 21 Ago

    Si Dios nos quitase todo lo que nos dio, nos quedaríamos con nuestros harapos.

  • 22 Ago

    ¡Cuánta malicia hay en mí!… Respuesta: Mantente en este convencimiento; humillate pero no pierdas la paz.

  • 23 Ago

    Está atenta para no caer nunca en el desánimo al verte rodeada de flaquezas espirituales. Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es para abandonarte sino únicamente para afianzarse en la humildad y hacerte más precavida para el futuro.

  • 24 Ago

    El mundo no nos aprecia porque seamos hijos de Dios. Consolémonos porque al menos por una vez reconoce la verdad y no miente.

  • 25 Ago

    Amen y pongan en práctica la sencillez y la humildad y no se preocupen de los juicios del mundo, porque si este mundo no tuviese nada que decir contra nosotros, no seríamos verdaderos discípulos del Señor.

  • 26 Ago

    El amor propio, hijo de la soberbia, es más malvado que su misma madre.

  • 27 Ago

    La humildad es verdad, la verdad es humildad.

  • 28 Ago

    Dios enriquece al alma que se despoja de todo.

  • 29 Ago

    Someterse no significa ser esclavo sino solamente ser libres por seguir un santo consejo.

  • 30 Ago

    Cumpliendo la voluntad de los demás, debemos ser conscientes de que hacemos la voluntad de Dios. Esta se nos manifiesta en la de nuestros superiores y en la de nuestro prójimo.

  • 31 Ago

    Mantente siempre unida estrechamente a la santa Iglesia católica, porque sólo ella puede dar la paz verdadera, ya que sólo ella posee a Jesús sacramentado. Él es el verdadero principe de la paz.

Tapa del libro 'Buenos días'

Tomadas del libro "Buenos días", preparado por el Padre Gerardo Flumeri y traducido del italiano por el Padre Elías Cabodevilla. Edición "Padre Pío Pietrelcina" Convento S. María delle Grazie.

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