Testimonio de Ruth Pioli Araujo Montevideo, Montevideo

Nuestra familia ha sido oída en sus oraciones al Padre Pío de Pietrelcina, concediéndonos la gracia
pedida.

En agosto del año pasado, mi sobrino Alejandro, de 19 años, fue herido en la cabeza por tres
impactos de bala. Ante tal desgracia fuimos acompañados por familiares y amigos que nos rodearon y
trajeron oraciones y pedidos de tantos santos. Entre ellos dos del padre Pío.

Mi hermana (madre de Alejandro) al entrar a verlo en sala de terapia intensiva, colocaba la reliquia sobre su cabeza junto a una pequeña cruz de madera. Nunca perdimos la fe; rezábamos día a día, hora a hora.

Hasta que el 5 de setiembre sucedió el milagro. Mi sobrino salió del coma y fue recuperando todos los sentidos muy lentamente.

Los propios médicos no daban crédito, pues sólo confiaban en su juventud. Hoy, casi a un
año de lo sucedido, aunque quedó disminuido de la vista por los impactos que están aún en su cabeza,
está bien y volviendo casi a su vida normal.

Nos unimos en oración para pedir por la beatificación del Padre Pío y darle gracias a Dios por este milagro.

Ruth Pioli Araujo Montevideo